E-Orienta

Introducción a E-Orienta

Los cambios producidos en el mercado de trabajo (nuevas formas de producción y comercialización, implantación de las tecnologías de la información y de la comunicación, etc.), las exigencias de flexibilidad y de adaptación a diferentes puestos de trabajo o a diferentes funciones dentro de un mismo puesto, la temporalidad de los contratos y la rotación que esto conlleva dentro del mercado laboral, ponen de manifiesto la necesidad de adoptar medidas urgentes en el ámbito del empleo y de crear los instrumentos necesarios para cubrir las necesidades de formación, asesoramiento u orientación de los trabajadores y trabajadoras ocupadas.

La orientación profesional se ha ido consolidando como un elemento clave en el desarrollo profesional de las personas. Tanto es así que los dispositivos de información y orientación se consideran como una actividad complementaria y clave para dotar de eficacia a las políticas activas y de empleo. No obstante, los desafíos que implica el desarrollo profesional y la promoción de los trabajadores desde la perspectiva de la orientación profesional deberían tenerse presentes a la hora de planificar la información y orientación de estos colectivos. Ello nos llevará a asegurar que las oportunidades de desarrollo estén disponibles para todas las personas trabajadoras y a articular mecanismos que den respuesta a las necesidades diferenciales de las mismas.

En este contexto, la orientación se considera dentro de los actuales sistemas de formación y promoción profesional, no sólo como elemento de control/evaluación de la calidad, sino como una estrategia necesaria para poner en marcha los nuevos sistemas de formación y promoción profesional. Resulta prioritario que la formación vaya acompañada de acciones de orientación que contribuyan a: una mejora de la calidad en el empleo, una adecuada promoción laboral, una mayor estabilidad laboral, y en definitiva, a una mejora de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores ocupados. Estas ideas ya fueron recogidas en 1974 por la UNESCO. Ésta recomendaba que la orientación debía considerarse como un proceso continuo y un elemento vital de la educación y que debía encauzarse en el sentido de ayudar a todos a tomar decisiones positivas en materia de educación y ocupación.

Por otra parte, la promulgación de la ley de las Cualificaciones y la Formación Profesional supone, en el contexto de nuestro país, un momento clave para reflexionar sobre aquellos aspectos conceptuales y organizativos que dan forma al compromiso europeo con el desarrollo profesional de los trabajadores, a través de acciones dirigidas a optimizar las prácticas y los recursos en el ámbito laboral. La finalidad es la de incrementar la calida de los recursos humanos, incluidos los retos planteados en las sucesivas cumbres europeas de establecer una nueva estrategia en el contexto de la sociedad de la información y de la apuesta por el pleno empleo. La Orientación Profesional se configura como una política activa para el empleo y como elemento esencial dentro del proceso de Formación y de establecimiento de itinerarios formativos, en una perspectiva del desarrollo y aplicación de ofertas de educación y orientación permanente para el trabajo y la vida.

Otros factores que ponen de manifiesto la necesidad de anticipar los déficit laborales son:

a) la falta de transparencia del mercado laboral y los cambios continuos que experimenta, con nuevos perfiles o con modificaciones en los existentes;

b) la proliferación de la oferta formativa, de todos los niveles, que implica un grado importante de ambigüedad por parte del trabajador sobre los criterios adecuados para la selección de los cursos de formación y reciclaje;

c) la falta de instrumentos y de herramientas para apoyar los procesos de elección y gestión de desarrollo profesional de los trabajadores y trabajadoras ocupados. Esto evidencia la necesidad de contar con un buen sistema de orientación profesional para los trabajadores en activo. El objetivo es proporcionar una atención especial al empleado de cara a su desarrollo personal, humano, profesional y social. La intervención orientadora en el ámbito laboral perseguirá facilitar el proceso de adaptación y anticipación a las condiciones cambiantes que se generan en el contexto laboral.


Las actuaciones de Orientación e Información Profesional para la población ocupada se han de centrar en la idea de apoyar y facilitar el diseño de un proyecto profesional que contribuya a clarificar el proceso de desarrollo de su carrera profesional. No se trata, pues de orientar a aquellos ocupados que han perdido el empleo y están buscando otros; se trata de orientar a quienes ocupan un puesto de trabajo para que puedan tener más facilidades a la hora de mantenerse y de moverse por el mercado laboral.

Los servicios de orientación han de contribuir de manera significativa a la transferencia en los ámbitos de la educación y la formación, mediante asesoramiento a los trabajadores y trabajadoras y a las organizaciones públicas y privadas que necesitan aprender y manejar información relacionada con los sistemas de aprendizaje y cualificación internos de sus propios países y también de los ajenos para contribuir a la movilidad y a la transferencia de personas y de competencias en los mercados nacionales y comunitarios.

El conocimiento, análisis y descripción formalizada del mundo del trabajo, de las profesiones en sus mecanismos de funcionamiento, de las relaciones laborales y de la oferta formativa constituirán el instrumento central del que dispondrán los equipos de orientación profesional para poder mediar entre los requerimientos del mundo del trabajo y los requerimientos y necesidades de los trabajadores y trabajadoras.

En la sociedad de la información y el conocimiento, la formación que exigirá el mundo productivo tendrá mucho que ver con el desarrollo y adecuada aplicación de un amplio abanico competencias profesionales en diversos y variados contextos. Los dispositivos de orientación profesional habrán de estar preparados para acompañar a los trabajadores y trabajadoras en la identificación y reconociendo de las competencias que ya poseen y las que han de adquirir mediante la formación.

Los servicios públicos y privados de orientación y empleo han de ajustar sus actuaciones a la realidad de un entorno más competitivo, complejo y dinámico y han de posicionarse en el mercado prestado un servicio de calidad a los trabajadores y trabajadoras que lo demanden.

La población ocupada identifica los servicios de orientación y empleo como servicios dirigidos a personas o grupos de personas desempleadas o que buscan el primer empleo, desconocen las utilidades que estos servicios les pueden llegar a proporcionar. Se ha de sensibilizar e informar a la población ocupada sobre estos servicios y sus objetivos.

Por otra parte, las actuaciones de Orientación Profesional para población ocupada han de tener una especial preocupación por los procesos de reconocimiento, evaluación y acreditación de competencias profesionales y personales adquiridas mediante la experiencia profesional y los aprendizajes no formales. Este proceso que es central en el diseño del proyecto profesional de cualquier trabajador o trabajadora lo es más en el caso de los grupos sociales con mayores dificultades para la promoción y la movilidad laboral. Es el caso de inmigrantes extracomunitarios, de trabajadores y trabajadoras sin titulación profesional y de otros colectivos que han tenido en la experiencia el mayor proveedor de competencias.

Así mismo, señalar que la nuevas tecnologías de la información y la comunicación se convierten en instrumento, medio y recurso en los procesos de Orientación Laboral: tanto en búsqueda y preparación de documentación como en la atención al usuario/a.

Cualquier profesional que se dedique a temas de orientación laboral, debe ser un buen usuario de la red (Internet) y tiene que tener un amplio conocimiento sobre lo que ésta ofrece y ser su fuente permanente para recoger datos o información, concretar o anticiparse a cambios o tendencias que tengan relación con lo laboral.

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